Es un hecho irrefutable: la caída del Muro y la reunificación de Alemania se cuentan entre los más importantes sucesos históricos del siglo XX. De ello pueden estar orgullosos los alemanes. Y con razón. La división de la Península de Corea todavía es, por el contrario, una triste realidad. Por ello, para nosotros, los coreanos, la reunificación es algo que mucho envidiamos y admiramos. Esa admiración se manifiesta en el creciente número de científicos coreanos que se dedican a estudiar la “reunificación alemana”. La conclusión a la que han llegado: si bien la reunificación alemana fue el sorprendente resultado de intensos preparativos y una detallada estrategia, en el proceso de integración social y económica surgieron problemas con los que nadie había contado.
Creo, no obstante, que todavía es demasiado temprano para emitir un juicio sobre los resultados de la reunificación alemana. Para mí, el largo viaje hacia la unidad alemana aún no ha terminado. El proceso de unificación no es un pasado definitivamente clausurado, cuyo punto final lo puso la caída del Muro de Berlín, sino una tarea nacional en permanente continuidad. La “mayor enseñanza” que extraje aquí en Berlín de la caída del Muro y la unidad de Alemania es que hay que evitar emitir juicios apresurados sobre la reunificación de otro país. Hacer desaparecer diferencias económicas e integrar a todos los miembros de una sociedad es, incluso en un mismo país, una difícil y complicada tarea, que lleva necesariamente mucho tiempo. Desde que vivo en Berlín, esa convicción se ha reafirmado aún más.
El día que cayó el Muro vi en los noticiariosde televisión cómo incontables personas jóvenes celebraban ante el Muro de Berlín. Los envidié. Simultáneamente tuve que pensar sobre todo en las diferencias existentes entre la realidad de la división de Alemania y la de Corea. Alemania se libró de una “guerra fratricida”, mientras que los coreanos no sólo deben sufrir por la división, sino que también debieron padecer la crueldad de la Guerra de Corea. De las ruinas de esa guerra, la República logró ascender hasta el lugar 13 entre las más poderosas economías. El mayor obstáculo en la Península de Corea es, sin embargo, que la guerra endureció los frentes y que el muro entre ambos Estados coreanos es mucho más alto e impenetrable de lo que jamás fue el Muro de Berlín.













