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En la pole position

La investigación polar alemana goza de una excelente reputación en todo el mundo: Tiene carácter interdisciplinar, internacional y sigue siendo hoy una fascinante aventura.

Angelika Jung-Hüttl

Todo comenzó con una visión: El mar no podía estar congelado en el Polo Norte, a pesar del frío, debido posiblemente a que la cálida corriente del Golfo llegaba hasta allí. Esta idea del cartógrafo turingio August Petermann (1822–1878) y las dos expediciones por barco que partieron hacia Groenlandia por este motivo en 1868 y 1869/70 son consideradas como el comienzo de la investigación polar alemana. No llegaron al Polo Norte, pero la primera expedición llegó, no obstante, hasta la banquisa de hielo a 81 grados de latitud y la segunda descubrió en la costa este de Groenlandia el fiordo Franz Josef, uno de los mayores del mundo. Unos 30 años después partió la primera expedición alemana al Polo Sur. El velero a vapor “Gauss” zarpó en verano de 1901 del puerto de Kiel con el objetivo de adentrarse en la aún desconocida Antártida.

Los investigadores de entonces querían descubrir y explorar nuevos países y mares. Hoy en día el principal interés de los científicos alemanes que trabajan en las regiones polares es el clima, en concreto, el calentamiento global de la Tierra, que está haciendo que se derritan gigantescas capas de hielo en los polos, lo cual a su vez provoca una elevación del nivel del mar en todo el mundo. “Lo que pasa allí –todos los procesos climáticos que tienen lugar allí– repercute en todo el mundo, es asunto de todos”, afirma Karin Lochte, Directora del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina (AWI) de Bremerhaven, la mayor institución de investigación polar en Alemania. No sólo se miden y observan los cambios actuales, sino también las oscilaciones climáticas en la historia reciente de la Tierra. Para ello se analizan núcleos de hielo extraídos de los glaciares y de sedimentos marinos. La comparación de los datos actuales con los históri­cos permite a los científicos hacer un cálculo de los futuros acontecimientos climáticos. “Otro tema destacado es la cuestión de los ecosistemas”, añade la directora del AWI, “¿cómo van a reaccionar la flora y la fauna si sigue reduciéndose la capa de hielo marina?”.

En el Ártico, además de la desaparición paulatina del hielo de los glaciares y marino, cada vez acaparan más la atención de los investigadores las zonas de permafrost. Las capas superiores del hielo permanente, que en las regiones del Polo Norte no glaciares alcanza 600 metros de espesor, se derriten cada vez más en verano debido a las altas temperaturas. Esto provoca la emisión de grandes cantidades de metano, uno de los gases, al igual que el dióxido de carbono, que aumentan el efecto invernadero. Desde hace 12 años se viene observando este proceso en un proyecto de investigación conjunto germano ruso en Siberia, en el delta del Lena, el mayor delta fluvial en el océano Ártico.

La investigación polar en Alemania, sin embargo, no sólo es llevada a cabo por grandes instituciones como el AWI o el In­stituto Leibniz de Ciencias Marinas IFM-GEOMAR de Kiel, sino también por numerosas universidades y pequeñas in­stituciones extrauniversitarias, así como por el Instituto Federal de Ciencias Geológicas y Materias Primas (BGR) de Hannover. Éste se ocupa de la geología de las zonas polares, en concreto: en el Ártico, de los yacimientos de materias primas, así como la apertura de océano Ártico; y en la Antártida, de la fragmen­tación del antiguo continente de Gondwana y el surgimiento del Atlántico. Aparte, integrado y coordinado por la investi­gación polar internacional, está el trabajo de los diferentes ámbitos del Comité Nacional alemán del SCAR/IASC, formado por representantes alemanes de las organizaciones interna­cionales SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research) e IASC (Inter­national Arctic Science Committee). Éstos se reúnen una vez al año con los representantes de quienes financian la investigación polar alemana. Aproximadamente, un 90 por ciento de los costes –que en 2010 ascendían a 78,9 millones de euros– los asume el Ministerio Federal de Investigación. El diez por ciento restante lo aportan los Gobiernos de los Estados Federados, así como el Ministerio Federal de Economía. La Comunidad Alemana de Investigación (DFG) también desempeña un papel importante, apoyando, sobre todo, la investigación polar de los institutos universitarios dentro de un programa de in­vestigación propio.

Un requisito básico para poder investigar en los apartados, fríos e inhóspitos parajes de los polos Norte y Sur son un equipa­miento y una logística complejos. “En ese sentido estamos muy bien situados”, dice Karin Lochte. Los investigadores polares alemanes, así como los de otros países, tienen a su disposición dos estaciones de investigación en el Ártico y seis estaciones en la Antártida, entre ellas la nueva estación Neumayer III erigida en 2009 sobre la plataforma de hielo Ekström; a esto hay que añadir dos buques de investigación –el rompehielos “Polarstern” y el “Merian”, para el estudio del borde del hielo– y el avión de investigación “Polar 5”. Pero no sólo los profesionales pueden participar en la investigación polar: La Sociedad Alemana de Investigación Polar (DGP) cuenta con más de 500 miembros, expertos y profanos interesados. Esta asociación organiza cada dos años y medio un gran simposio internacional, publica, en colaboración con el AWI, la revista sobre investigación polar “Polarforschung” y promueve a jóvenes científicos.////

12.01.2011
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